Somos muchos los que admiramos la capacidad expresiva que logra alcanzar Vicente Amigo con su guitarra, y más de uno tenemos la tentación de achacarlo a las cualidades excepcionales de su Reyes, o a algún misterioso gen con que en su nacimiento fue investido por gracia de los hados. Los guitarristas flamencos, por falta de formación académica, tenemos la sensación de cómo mágicas, a la hora de valorar las capacidades de los guitarristas que admiramos. Sin embargo, tras la genialidad de cada uno, existe un arduo trabajo de aprendizaje, conocimientos y ejercitación que les permite asimilar las técnicas apropiadas necesarias para la expresión de su arte. Que este conocimiento no esté al alcance de todos no lo convierte en mágico.
La capacidad del guitarrista para expresar aparece en un momento del aprendizaje en el que ya se tiene un cierto dominio sobre el instrumento. A pesar de ello seguimos permaneciendo inconscientes del modo en que esto ocurre. Se necesita dominio del instrumento y poder en las manos que, como todos sabemos, a Vicente le sobran.
Pulsar una cuerda al aire es la forma más simple y con menos capacidad expresiva que podemos utilizar. Aquí solo la forma de ataque y la zona de la cuerda empleada pueden matizar la expresión. Para aumentar la capacidad expresiva debemos jugar con la mano izquierda. La forma en que pisamos sobre el traste modula la expresión que logramos. Un simple apoyo es la más sencilla. Ir más allá significa que la yema se apodere de la cuerda, la haga suya y la moldee a voluntad. Disponer de los recursos que nos permitan la máxima capacidad expresiva significa dominar las capacidades técnicas que nos aportan un pleno control de la presión sobre la cuerda. Pisarla con firmeza, aumentar y modular la presión, estirarla o aplicarle vibrato son técnicas que nos permitirán cultivar los recursos expresivos que nuestro sentimiento necesita para manifestarse. Una vez dominada la técnica podemos dejar que el sentimiento fluya hasta los dedos y modulen la expresión sonora de nuestro instrumento.
Otro aspectos fundamental de la técnica expresiva es el juego con el tiempo, los silencios y el volumen. Los acelerandos y ritardandos son continuos en una interpretación viva así como la acentuación de los silencios y la modulación del volumen. Cuando escuchamos una partitura a través de un fichero midi percibimos la rigidez del ritmo y los tiempos metronómicos tan diferentes de los habituales en una interpretación real con una expresión emocional.
¿Es necesaria una buena guitarra para aprender a tocar o es suficiente con una de estudio? Una guitarra de calidad genera una retroalimentación positiva de la que carece otra inferior. Es decir, una buena guitarra tiene posibilidades sonoras y expresivas que no están al alcance de las demás. No es un tema de volumen o comodidad, ni de ser más o menos flamenquitas. Se trata de hablar, de matices y de poder comunicar cosas que otra no sabe. Aún así toda guitarra necesita desarrollar sus capacidades potenciales con un guitarrista competente, so pena de quedar dormidas.
Cuando un estudiante toca una guitarra de calidad hay momentos de gracia en los que la mejora técnica se manifiesta y en la guitarra se despiertan pequeños matices y sutilezas sonoras y expresivas desconocidas hasta entonces. La repetición y búsqueda del efecto genera una retroalimentación mutua que hace que la técnica se fije y forme parte del bagaje del guitarrista. Con una guitarra corriente esto no ocurre u ocurre con mayor dificultad. Así que, si descubres que vas en serio con la guitarra piensa en la posibilidad de adquirir la mejor que puedas permitirte.
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